Dolor Noctámbulo

Vino fría e inesperadamente el sueño a buscarlo. Y él se resistía. Bajo las mantas de hierba y el edredón de nubes lloraba amargamente. No deseaba dormir, esa era una salida fácil. Quería sufrir, que su alma herida escapara por su boca y sus ojos, convertida en lágrimas ardientes y moribundos quejidos. El sueño convertido en mujer cubríale con su pesada falda, pero él se destapaba con gran dificultad. Rechazaba a la bella mujer que le ofrecía su ayuda. Deseaba tanto estar solo, que no quería que apareciera ni la Soledad. La habitación se deshacía a su alrededor cual pesadilla cuando aparece el primer rayo de sol en la mañana. El techo se derretía y caía como plomo fundido sobre su pecho, lo que hacía aumentar el dolor interior que sentía. Los recuerdos golpean su cerebro y le hacen vomitar vida, amarga vida. Se oye cruel una risa que se burlaría hasta de dios si existiera. Sonaba una música de difuntos, pero no era para él, desgraciadamente no era para él, aunque lo deseara. Le asaltaron recuerdos de épocas pasadas. Las veía más felices que ésta que vive, pero sabe que se engaña a sí mismo. Fueron infelices todas, mas el tiempo lo suaviza todo. El reloj se burlaba de él y hacía más lento el transcurrir del tiempo. Con las manecillas le hacía un gesto obsceno, y el tictac sonaba como una cruel carcajada. El pijama le mordía las carnes, le laceraba la piel, le escupía en el rostro. Todo a su alrededor era caos y desorden, y el centro de todo era él. Él. Él. Él era el responsable de ese Apocalipsis que tenía lugar en su habitación. Otra razón más para hundirse: Él era el responsable de todo lo que estaba sucediendo. Y se hundía más, y el caos crecía más. El sueño seguía ahí, intentando echarle una mano, pero no acepta ninguna ayuda, no quiere compasión de nadie. Quería hundirse en lo más profundo de la desesperación. Quería sufrir para sentirse más vivo de lo que desearía. Todo se convertía en una espiral de Dolor y Soledad que le empujaba a la Desesperación esperada, tranquila y aceptada. Llego el momento en el que el sueño lo abandonó a su suerte, le escupió en el rostro y le dijo: “Ahí te quedas”. La suave sábana se convirtió en áspero esparto que abría llagas en su piel. El colchón se transformó en lecho de clavos que mordían y se clavaban en su carne sufrida y despreciada. Ni la Luna estaba ahí para ayudarlo. Estaba llorando sangre sobre el horizonte consciente del Holocausto venidero. La Soledad no se atrevía a entrar en la habitación por no perturbar la soledad reinante. El Holocausto apocalíptico estaba en marcha y nada ni nadie lo podría detener. Pero llegó el primer rayo de sol en la mañana, y con éste, se levantó empapado en lágrimas y sudor, y deseando que la vida no transcurriera.

 

 Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: