Escúchome

Sé que no es posible revertir
la cadencia de suspiros del dios Kronos.
Que el tiempo huido en fluir estancado
no aplica consejos a posteriori.
Que no es posible detener el latido
de un corazón de cuarzo,
cuyo pulso metronómico
acompasa el caótico existir.
Sé que soy, a mi pesar, la última voz
a la que regalaría una atención frustrada.
Pero si en algún instante en mi arrastrar
de huella tras sueño detuviera mi estela
me arrancaría la palabra inerte
y la entregaría como ofrenda insulsa
en un intento de autoenseñanza.
Sé que me rogaré no ser críptico,
que abandone el lenguaje oscuro,
sacrificar la metáfora para entender
y así lo haré…

Me diría, por ejemplo, que habrá momentos
en los que cambien el paso de baile
cuando apenas comienzo a entender el anterior.
Que en esos momentos necesitaré, sin saberlo,
sentirme de nuevo un adolescente inseguro
que afronta la vida sin manual.

Me diría, sin ejemplos, que sólo puedo amar
y dar motivos para ser amado.
Pero que hacer méritos no es sinónimo
de ser correspondido.

Que puedes desangrarte letra a letra
mientras la vida se te escapa metáfora
a metáfora en el absurdo intento
de mostrar belleza tras tu
dolor.

Me agradecería el intentarlo.
Pero me rogaría que cesara,
pues el dolor nunca es bello.
Sólo engrandezco con ardor
la cruel estética del sufrimiento.

Que atraparán tu corazón y masticarán
como fiero animal ciclópeo,
escupiendo tu esencia más pura
y después exigirán tu perdón.

Y descubrirás que es imposible perdonar
cuando te desmontas tras cada intento
de emerger a una remota superficie
y ya sólo cuentas con piedra en los pulmones.

Lloraría conmigo al consolarme,
me abrazaría y bebería
cada una de mis lágrimas
hasta fosilizarlas en un remoto
ayer. Hasta transformarlas
en un incierto recuerdo del que dude
haya ocurrido, porque todo irá bien.

Me diré que, aunque semblemos, a veces,
dos perfectos desconocidos al asomarnos
a las dos caras de un mismo espejo,
aún tenemos tiempo de conocernos y amarnos.

Y de tanto hablarme olvidaría
mis temores y mis frenos,
abandonaría mi lesivo deseo
de, para relucir, arder pues
tras el incendio sólo quedan cenizas
y las cenizas nunca brillan,
sólo manchan.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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