Hijos del Guadalete y del Olor

Remontar la corriente. ¿Hay algo más inútil para un chipirón que remontar la corriente de un río? Y sin embargo siguen en su empeño. ¿Razones? Creo que no hay. ¿Mutación encefálica, locura transitoria, envenenamiento por psicotrópicos? Todo y nada de eso puede ser.

Remontar la corriente de un río. Las carpas se partían el culo viendo a dos ridículos chipirones agitarse cual epiléptico para poder avanzar dos centímetros. Esos chipironcillos, cuya misión era acabar en un plato con salsa y papas fritas se encuentran en una situación de desafío al miedo y a la naturaleza en sí.

El Guadalete. Un río asesinado por el homo sapiens. El Guadalete. Un río contaminado. Un lugar donde la vida es vida a medias. Allí depositaron los óvulos y los espermatozoides ese par de chipirones. Definitivamente, tenían complejo de salmón.

Pero hubo un problema. Con las sustancias tóxicas del río, los espermatozoides cogieron un gran morao y se extraviaron. Los peces-óvulos estaban a la caza y captura del esperma ciego de toxinas. Con lo chicos que eran los espermatozoides, más cojones tenían.  No hubo ni uno que fuera asesinado. Sólo a uno le dio un coma tóxico, pero eso ya se veía venir: era el más visioso de todos.

Después de varios días, se reencontraron óvulos y espermatozoides. ¡Qué reencuentro más emotivo! Llantos, abrazos,… y, por supuesto, fecundación. Los óvulos fecundados se instalaron en el sobaco de una lisa, que, como son idiotas (aunque menos que las palomas), no se coscó de nada.  Al eclosionar los huevos temblaron los cimientos de la evolución. A partir de dos chipirones nacieron unos personajes de una raza nueva: Los Shaipyrons.

Parece ser que las toxinas con las que se drogaron los espermatozoides más las toxinas del sobaco de la lisa (aunque estén en el agua, no te dejes engañar: las lisas no se lavan, de ahí lo de “lisas mojoneras”) más el cerumen de un conocido alcalde que tiró un bastoncillo del oído al río cuando iba de camino a su cortijo, crearon un desajuste hormonal y una positivización del ácido chipirónico, que hizo surgir una nueva especie.

Shaipyrons. Una especie con una única obsesión instalada en su minicerebro: Traer la cordura al mundo. ¿Cuáles son sus armas? Una hormona sahipyrónea que crea una cuerda lucidez en el ser humano que ingiere uno de estos neoorganismos. ¿Su orgullo? Ser hijos del Guadalete y del olor.

 

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